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San Marcos 10:19-37 Traducción en Lenguaje Actual (TLA)

19. Tú conoces bien los mandamientos: No mates, no seas infiel en tu matrimonio, no robes, no mientas para hacerle daño a otra persona, no hagas trampas, obedece y cuida a tu padre y a tu madre.

20. El hombre le dijo:—Maestro, todos esos mandamientos los he obedecido desde que era niño.

21. Jesús lo miró con amor y le dijo:—Sólo te falta hacer una cosa. Ve y vende todo lo que tienes, y reparte ese dinero entre los pobres. Así, Dios te dará un gran premio en el cielo. Después de eso, ven y conviértete en uno de mis seguidores.

22. Al oír esto, el hombre se puso muy triste y se fue desanimado, porque era muy rico.

23. Jesús miró a su alrededor y dijo a sus discípulos:—¡Es muy difícil que una persona rica acepte a Dios como su rey!

24. Los discípulos se sorprendieron al oír eso, pero Jesús volvió a decirles:—Amigos, ¡es muy difícil entrar en el reino de Dios!

25. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que una persona rica entre en el reino de Dios.

26. Los discípulos se sorprendieron mucho al oír lo que Jesús dijo, y comentaban entre ellos:—Entonces, ¿quién podrá salvarse?

27. Jesús los miró y les dijo:—Para los seres humanos eso es imposible, pero todo es posible para Dios.

28. Pedro le dijo:—Recuerda que nosotros hemos dejado todo lo que teníamos y te hemos seguido.

29. Jesús les respondió:—Les aseguro que quien haya dejado algo por seguirme y por anunciar las buenas noticias, recibirá su premio. Si dejó a sus hermanos o hermanas, a su padre o a su madre, a sus hijos, su casa o algún terreno,

30. recibirá en esta vida cien veces más casas, terrenos y familiares, aunque también será maltratado por sus enemigos. Y cuando muera, vivirá con Dios para siempre;

31. pero muchos que ahora son importantes, serán los menos importantes; y muchos que ahora no son importantes, serán los más importantes.

32. Los discípulos iban confundidos, mientras Jesús caminaba delante de ellos hacia Jerusalén. Por su parte, los otros seguidores estaban llenos de miedo. Jesús volvió a reunirse a solas con los doce discípulos, y les contó lo que le iba a pasar:

33. «Como pueden ver, ahora vamos a Jerusalén. Y a mí, el Hijo del hombre, me entregarán a los sacerdotes principales y a los maestros de la Ley. Me condenarán a muerte y me entregarán a los enemigos de nuestro pueblo,

34. para que se burlen de mí, y para que me escupan en la cara y me maten; pero después de tres días resucitaré.»

35. Sus discípulos Santiago y Juan, que eran hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron:—Maestro, queremos que nos hagas un favor.

36. Jesús les preguntó:—¿Qué es lo que quieren?

37. Ellos le contestaron:—Por favor, cuando estés en tu reino poderoso, déjanos sentarnos a tu lado, uno a tu derecha y el otro a tu izquierda.

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